Siento no haber publicado en tiempo,
pero aquí estoy de nuevo. Tenía pensado saltarme las excusas y saltar
directamente al tema del que tenía preparado para hablar, pero creo necesario
explicaros que he estado de exámenes y apenas he tenido tiempo siquiera para
comprobar si el vecino se decidía a conectar el wifi de una vez por todas. Y al
final lo he conseguido; la tele debía de estar aburrida y, a juzgar por que los
timbrazos a altas horas de la madrugada y las llamadas a todas horas han
cesado, he llegado a la conclusión de que al pobre Jose, la novia lo ha dejado.
Pero siguiendo con las excusas, la mas “gorda”
que se me ocurre son los finales. No es que me hayan dado ya los resultados, y
con tanto examen no es fácil salir con éxito, pero al menos confío en que estén
aprobados. Tampoco creo que estén de diez, porque a decir verdad, no me he
matado mucho a estudiar, pues considero que hay cosas más importantes que un
buen boletín de notas, cuando hay esperanza de triunfar –o al menos no fracasar-
en otras categorías.
El tema de hoy era la nueva peli de la
saga de Suzanne Collins, Los Juegos del
Hambre que, por cierto, es genial. No he hecho más que terminar la peli y
ya estoy empezando con el libro, porque no he podido contener las ganas de
empezarlo. Me hubiera gustado leerlo antes, pues siempre he sido más fan de los
libros que de las pantallas de TV, pero el sábado pasado, para celebrar el fin
de las clases –o eso espero- fui con unos amigos al cine y la vimos.
Lo que más me fascinó de la peli, fue su
brutalidad; me explico, que fueran capaces de matar a varios personajes
bastante protagonistas como Rue, en vez de haber creado un ejército entre todos
los tributos y echar abajo Los Juegos, que
sería lo que yo, y también algunos de mis amigos –cosa que descubrí hablando después
de la peli –nos esperábamos.
Pero supongo que fue eso lo que hace la
peli tan especial, el haber sorprendido a su público con algún hecho
inesperado. Porque hoy en día, después de siglos de innovación, cualquier simple
acto o hecho, por muy original o complejo que sea, nos parece la cosa más
normal del mundo. Supongo que la sociedad ha llegado a ser así, por el hecho de
que cada día descubrimos nuevos objetos, hechos o teorías, sin buscar la
explicación a como se creó o sin llegar a plantearnos la historia que pueda
ocultar.
Por esto mismo, he visto que lo que el
público busca son sorpresas y sucesos inesperados, algunos incluso negativos,
con tal de que sean novedades, asi que, voy a dejar de aburriros con chapas
filosóficas y desearos unos felices exámenes finales, o depende a quien,
felices Juegos del Hambre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario