Suele contarme mi padre que de pequeña le robaba la cinta de Flashdance y bailaba por toda la casa. La obsesión fue a tanto que cambié de colegio para ir a uno en el daban clases de baile. Ballet, lírico, street... los manejaba todos. Mientras tanto, seguía tragándome Grease, Dirty Dancing, Flashdance, Fiebre del Sábado Noche, Havanna Nights, Step Up y demás, una y otra vez.
Un año traté de ir a un examen para participar en un concurso, pero resultó que ni siquiera pude ir porque me sobraban un par de kilos. ¡Al infierno con el peso! No fui. Sin embargo, todos los años vamos a concursos y exhibiciones de baile, algunos bastante lejos, en los que disfruto y aprovecho cada segundo en el escenario al máximo.
Para ser sincera conmigo misma, el baile debería ser para disfrutar, no para sufrir como millones de personas -sobre todo chicas- que se matan por conseguir un hueco, aunque fuere minúsculo, en el mundo del baile y acaban destrozadas, como bien se ve en El Cisne Negro, o La Vida Sin Secreto de Paula Izquierdo.
Y por último, mucho ánimo a todos aquellos que a pesar del esfuerzo que significa conseguir hacerse notar como bailarines o bailarinas, lo intentan, pagando cada día con lluvias torrenciales de sudor y armados de esfuerzo hasta lo imposible.


No hay comentarios:
Publicar un comentario